miércoles, 11 de febrero de 2009
jueves, 5 de febrero de 2009
Perseverancia.
y sin decir palabra, volverla a comenzar;
o perder en un día la ganancia de ciento
sin un gesto ni un suspiro...
Si puedes ser amante y no estar loco de amor,
si consigues ser fuerte sin dejar de ser tierno,
y sintiéndote odiado, sin odiar a tu vez,
luchar y defenderte...
Si puedes soportar que falseen tus palabras
los pícaros para excitar a los tontos:
y oir cómo sus lenguas falaces te calumnian
sin que tú mismo mientas...
Si puedes seguir digno aunque seas popular;
si consigues ser pueblo y dar consejo a los reyes;
y a todos tus amigos amar como a un hermano
sin que ninguno te absorba...
Si sabes meditar, observar, conocer,
sin llegar a ser nunca destructor o escéptico;
soñar, mas no dejar que el sueño te domine;
pensar, sin ser sólo un pensador...
Si puedes ser severo sin llegar a la cólera;
si puedes ser audaz sin pecar de imprudente;
si consigues ser bueno y logras ser un sabio
sin ser moral ni pedante...
Si alcanzas el triunfo después de la derrota
y acoges con igual calma esas dos mentiras;
si puedes conservar tu valor, tu cabeza
cuando la pierdan otros...
Entonces, los Reyes, los Dioses, la Suerte y la Victoria
serán ya para siempre tus sumisos esclavos
y, lo que vale más que la Gloria y los Reyes:
serás Hombre, hijo mío.
martes, 3 de febrero de 2009
Odiar te pudre.

El tedio y el sufrimiento son el veneno de la vida. Como un gran pez globo, si no llevas cuidado al cortarlo, puedes comerte una glandula ponzoñosa.
Tendemos a vernos como víctimas. Pensamos que la responsabilidad es del que nos hace mal. Pero la culpa de la quemadura es del necio que pone la mano en el fuego. Somos niños grandes y pensamos que aún somos receptores, que nos lo deben todo. Aún cuando lo que recibimos de nuestros padres y tutores no es más que un margen hasta ser capaces de alcanzarlo nosotros.
Nuestro ego está hinchado y no se nos ocurre pensar que la culpa sea nuestra.
Y si el dolor es el veneno de la vida, el rencor es su efecto que nos oprime los pulmones y no deja respirar. Guardamos ese odio en nosotros, fruto de una incapacidad de dar el perdón. La forma de curar la quemadura no es apagando en un ataque de rabia el fuego, si no esperando a que lentamente nuestro cuerpo cicatrice.
El odio es un lastre. La vida es demasiado corta para estar siempre cabreados. No merece la pena.
No somos enemigos sino amigos, no debemos ser enemigos.Si bien la pasión puede tensar nuestros lazos de afecto, jamás debe romperlos. Las místicas cuerdas del recuerdo resonarán cuando vuelvan a sentir el tacto del buen ángel que llevamos dentro.

