
Dicen que cada persona tiene en su interior un diamantre en bruto, cuyas facetas estan ocultas, y con el pulir de la experiencia consiguen hacer relucir sus cualidades.
Yo creo que en el mundo existen millones de diamantes, uno por cada relacion entre 2 o más personas. Y con la sinceridad como disolvente, se quita de sus facetas la mugre de la desconfianza para alumbrar el camino de la vida con el resplandor del desarrollo mutuo.
viernes, 31 de julio de 2009
The fabulous country of Oz
viernes, 3 de julio de 2009
Un año más.
El planeta da otra vuelta pero yo no me he movido. El tiempo tiene la fea costumbre de volver anodino lo repetitivo.
A veces me he arrepentido de haberme lanzado al vacío. De no haberme dado cuenta de cual era mi vocación, mi camino estipulado. Ahora observo desde el arcén al fantasma de lo que podría haber sido, pero no es con tristeza. Burlé al destino y encontré un solar donde construir algo nuevo. Sabía que tendría que volver a nacer y lo he hecho.
La experiencia vuelve al hombre libre.
Ahora estoy cansado. muy cansado. muy cansado.
Si mi mente fuera un lago este año sería un montón de cemento en polvo vertido dentro. Tiene que disolverse al sol. La humedad hará el resto.
No quiero descansar. Odio las pausas. Odio este ritmo absurdo, una amplitud estúpidamente alta de una sinusoide. De la noche a la mañana pasas del estrés más absoluto a la relajación más total.
Se supone que tendría que sentir alivio, pero no siento más que mierda. Como si el gigante de la estupidez humana removiera nerviosamente el lodo del fondo de mi lago, con la mirada fija, absorto en la mierda que remueve y con una expresión de miedo en su cara. A veces sueño que le apunto con una pistola a la sien y
alivio su sufrimiento.
Cuando eres joven quieres cambiar el mundo, pero según creces te das cuenta que debes cambiarte a ti mismo, antes que el mundo acabe por ganar una batalla perdida de antemano para ti. Y nuestras generaciones maduran cada vez más rápido.
Aguantar, como una piedra de espigón, los embites del mar.
Compadecerse está bien, el placer del consuelo es reparador, pero con el tiempo te das cuenta de que es una pérdida de tiempo. La vida es una carrera continua que nunca se gana, asi que mejor disfruta del combate y olvidate del podio.
Solo me falta encontrar los boxes.
jueves, 2 de julio de 2009
No hallarás triunfo sin esfuerzo.

Su delgado cuerpo empuja, su espiritu maltrecho descansa sentado en la vieja silla de ruedas. No hay nadie para pilotar su curioso armatoste, asi que debe hacerlo él mismo. Muy poco a poco, con pasos que parecen no querer adelantar a las hormigas, construye el movimiento de su curioso personaje. Al fin llega a una terraza cuyas sombrillas no cubren los rayos ya oblicuos del sol. Ahí se ofusca; maniobrando en un atasco de sillas, consigue finalmente evitar el tráfico y aparcar su vehiculo ante una mesa, donde pide una cerveza.
Sin lavar ni afeitar, de manga larga en pleno verano y con unas gafas de maestro de escuela; totalmente ajeno a las expresiones de repugna o curiosidad de su entorno. El tiempo parece pasar más lento para él que para el resto de los mortales. Su reloj casio mide la eternidad que le lleva asir la mano a la botella. Con un pulso relajado, como si realmente desglosara el gesto fotograma a fotograma para deleite de las sombras del atardecer. Luego, milimetro a milimetro la aproxima a su boca y se moja los labios.
Ni el fuego quiere ser fugaz y turbulento al encenderse un cigarro, ni la gravedad y la cinética malintencionadas con las cenizas que penden de la colilla. Parece congelado en el tiempo; criogenizado, de no ser por su memoria que trabaja a pleno rendimiento.
Hace años que conversa con personajes intangibles. Se imagina largos diálogos para equivocar a la soledad. Poco a poco su voz pierde la fuerza y sus conversaciones no ocurren más que en su cabeza. Un ligero movimiento de sus labios, un dedo indice que se estira o unas cejas que se arquean, le habla por encima del hombro con gesto de viejo sabio. Su interlocutor, trás largos años evitando a la gente real, se ha reducido a su propia persona. Se trata a sí mismo con condescendencia, y se explica una y otra vez las razones por las que acabó tan mal.
Sí; al sentarse en la silla, su imagen de si mismo se acurruca a una de las ruedas, como un perro fiel. Y él acaricia su pelaje clareante y mohoso con piedad. Con cara seria enumera de nuevo los acontecimientos de su vida. Una obra de opereta, una sarta de mentiras largo tiempo ensallada.
Se exhorta a la indignación, se explica a si mismo todas las dificultades, todas las trabas que le pusieron, toda la gente que no quiso tratarle bien. Claro eso lo explica todo. Fue una dificultad tras otra, nadie tuvo la bondad de ocuparse de él, nadie tuvo un gesto amable no, todos preferían evitarle, mirar para otro lado. Nunca tuvo todo aquello que quería tener. A veces pensaba que lo que tendría que haber hecho es mandarlo todo a la mierda, con un arma, un explosivo, cualquier cosa y
pumba!
dejar de existir.
Pero no lo hizo, no. Vivió su vida esperando a que se lo dieran todo. Trabajó esperando que hicieran el esfuerzo por él. Tuvo la soberbia de quejarse por recibir poco cuando el altruismo ajeno obraba algo en su favor. Rompió amistades por preocuparse unicamente de la admiración a su persona. No consiguió a ninguna mujer por quererlas como esclavas cultivadoras de su ego.
Y ahora se apaga tan lentamente como su cigarro, mientras le observo de reojo. Y pienso que de lo único que fue víctima es de que alguien le inculcara que la vida le debía ni tan siquiera algo, solamente por el hecho de haber nacido.